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Aurora y Felicidad - Aurora


El piso segundo  de  la  misma  casa,  en la
plazuela de Santa Ana,  era de tan buena apa- .
riencia  como  el  primero;  pero  mucho  mas
pequeño,  porque  habia  un  cuarto  interior,
para el  cual habian  tomado  parte de la galería y  de  las  habitaciones  interiores,  así  es
que  costaba mucho mas barato,  y  la apariencia era la misma.  No  tenia el gran comedor,

donde  daba sus banquetes los jueves la señora de  don Roman,  ni la espaciosa galería 11e- .
na  de  cuadros  y  de  flores,  adornada como
para salo n de fumar;  pero conservaba el ~er­
moso salo n de  recibo y los  dos  gabinetes laterales;  en uno de  ellos  tenia su despacho el
notable magistrado don  Juan Mostosabe yen
el otro  estaba  su esposa  doña  Aurora con su
preciosa hija Laura.
Tenian un hijo ya j6ven, Serafin, estudiante de leyes,  que ocupaba un cuartito interior,

mientras  que  Laura  dormia  en  un  pequeño
gabinete inmediato  á la alcoba de sus padres,
que  no  habian  adoptado la moda  de  tener cama  y  d~l'mitorio  independientes,  sirviéndose
siempre  del  lecho  nupcial.
La  m; sma  categoría  y  sueldo  tenian  los
dos  empleados don Juan y don Roman, con  la
especialidad  de  que  el  primero  llevaba veinte
y  cinco  años  en  la  carrera  judicial,  y  habia
ido  ascendiendo  por  rigurosa  escala,  desde
dos  mil hasta cuarenta mil,  despues  de  haber
sido  conocido  ventajosamente  como  fiscal  en
varias  audiencias,  y  desempeñado  en la magistratura  puestos importantes
No  así  don  Roman,  que sin  haber seguido
ninguna  carrera literaria,  debia su destino  al
. favor  de  un ministro  amigo,  que empezó  despues  de  la :revolucion del  68  por  nombrarle
gobernador  de  provincia,  y  de  este  modo,
des pues  de  unas  elecciones  generales,  fué
trasladado  á Madrid á  peticion suya.

Pero si bien su sueldo  era  el  mismo,  no  lo
eran  las  condiciones  de  ambas  familias,  y
bastaba penetrar en  las  dos  casas,  para con-
: vencerse  de  la enorme diferencia que se  nota-
¡ba en ellas:  como  igualmente lo  opuestas que
¡eran entre sí Aurora y  Felicidad.

Ouando  subió  la . cocinera . de  don Roman
,  "
era domingo,  como  saben  nuestros . lectores,
y  ya una hora bastante avanzada de  la tarde.
LlamaroJ;l  á la campanilla.
-¿Quién es, María?  preguntó  Aurora á su
criado.
-La Nicolasa, señorita.
-¡ t\h,  es V. !-pase adelante;  creí que seria alguna.  visita,  porque  los  domingos son
dias tan ocupados  para mi,  que son las dos de
la tarde  y  aún no  he tenido tiempo de  echarme  un  vestido,  yeso  que  estoy  levantada  .
desde las seis de  la  mañana; pero con  arreglar·las roras para que se muden los niños y
mi marido,  con apuntar  despues la que ha de
llevarse  la  lavandera  y  preparar  la  que se
lava en  casa,  que  es  todo  lo menudo, y  otras
mil cosas, se  pasa el  tiempo que  es un gusto.
-Es verdad,  como V. se ocupa de  todo,  no
es  extraño.  Yo  vine á ver á mis señores y  ma
dijeron 'que  se  iban Vds.  á Valencia, y  no
quise marcharme sin subir á decirles que aquí
dejan' unos sérvidores.
-Muchas gracias, Nico1asa, se lo  agradezco  á  usted infinito;  es verdad,  esta noche sale  :~ :,  '  I  '
mi marido á tomar posesion  de su destino, y
. yo cOn  la niña me voy á Oolmenar,  para  ar-

reglar algunos negocios en nuestra  caila;  peio
no  tardaremos en volver.
-¡,Ydejarán VB~ este cuarto'?
-Sí, es  preciso;  áun cuando lo siento mu~
cho,  porque Serafin  tiene  que  quedarse hasta
concluir el  curso,  que  le  faltan  apenas dos
meses.  Crea V.  que  me  afligen  estas ausencias aunque sean cortas,  pues nosotros no  estamos acostumbrados  á  vivir  el  uno  sin  el
otro;  hace  veinte y  cinco  años  que  me  casé y
mi marido  es  hoy tan  amante y  tan cariñoso
conmigo  y  con sus hijos,  como  el primer dia
de nuestro matrimonio.
-Así  decia  mi  ama  doña. Felicidad,  que
tenia  envidia  de  la  eterna  luna  de  miel
que  ustedes  disfrutaban,  cuando  para  ella.
que  se  casó  tan  locamente  enamorada  de
don  Roman,  apenas  habia  durado  ocho
dias.
-Eso es 10  general;  los  hombres  no suelen tomar en  sério  el  matrimonio,  y  creen
que  pueden seguir haciendo su vida de  sol te- .
ros,  dejando Bola  á su  mujer entregada  á los
amargos  desencantos  de  sus  ilusiones y  dé
sus  sueños  de  enamorada,  sin  comprendeif
que destruyen  la  felicidad  de  toda su vida,
por'1ue  tras de la  indiferencia  está  el hastío',

y  á  este suele  seguir muchas veces  'el 6dio 6
el desprecio.  .
-Cierto que  hay pocos  hombres como  don
Juan, siempre se  le  vé  con  V.  6  con sus  hijos;  jamás va solo á un paseo,  ni á un café.
-Como su felicidad  y sus goces todos  están  concentrados  en  nuestro  cariño,  DO  encuentra alegría ni bienestar en  ninguna parte,
y  á mí me sucede lo  propio:  no me  he creado
otros elementos  de  vida porque  bastaban para
satisfacer las necesidades de mialma su constante afecto,  su cariño  tan  igual,  tan inalterable  siempre.  Así  viviendo  el  uno  para el
otro  y  los  dos  para  nues!rcs hijos,  no  buscamos fuera  lo  que  tenemos en casa. Si  á doña
Felicidad  le  falt6  desde los  primeros  dias  de
su matrimonio ese  calor purísimo del corazon,
tuvo  que  crearse  una  atm6sfera  extraña que
supliera  la  necesidad  indispensable de  amor
. que siente la  mujer,  comó una ley imperiosa
de la naturaleza,  y  se lanzó  á  la  vida ficticia
de  la sociedad,  donde solo se vi ve de  apariencias  y de  engañarse  los  unos  á Jos  otros:  y
semejante  vida lleva consigo  muchos gastos,
que nosotros  hemos  evitado siempre,  procurando  acrecentar  cada  dia  nuestra  caja . de
ahorros,  que creamos al unirnos y  que hemos

ido  formando  con  el buen arreglo,  el trabajo
y  la economía; doña Felicidad no  niira el ma-
ñana.
-Es verdad  que  para  sostener ese tren de
casa,  criados,  comidas,  coche,  teatros,  modistas,  costureras,  peinadora  y  trages,  no
basta el sueldo del señor y se ven  empeñadí-
simos,  teniendo  muchas veces  que recurrir á
extremos peligrosos  para  procurarse  dinero.
-El mismo  sueldo  tenia  que mi  marido;
ahora como  le han ascendido tendrá mas,  pero
estoy segura que  no  ahorrará ni  un céntimo;
nosotros estamos  contentos  con  ir á provincias,  donde se gasta menos y se vive con mas
tranquilidad,  pudiendo guardar,  porque  nosotros por crearnos  un  porvevir independiente
no  gastamos  lo  que ganamos. Y esto  nos  es
fácil,  pues mi marido  no  tiene vicios, ni frecuenta  el café  donde  adquieren los hombres
tan malas mañas.  Todo su gusto es llevar los
. niños  al teatro.  Yo  soy madrileña,  y sin embargo,  no  conozco  las costumbres de Madrid;
,  á las  diez estamos acostados todas las noches,
Y en  cuanto á trabajar soy  la primera en ha-
cer  que la muchacha lo  tenga. todo  listo bajo
 mi vigilancia, y echando una mano se concluye pronto el arreglo de la casa.

Nosotros  no tenemos  costureras  ni modia...;
tasi  mi  hija,  aunque pequ~na, me  ayuda mucho,  y  pasamos  el  dia  cosiendo,  hasta lall
,cllatro  que viene su padre  de  la oficina y  nos
lleva á  dar un paseo  por  el  Retiro,  mientras
la pobre Con chita abandonada siempre  por su
madre,  no se  quita del balcon en todo  el  di a,
siendo el  hazme  reir  de  los  muchachos  del
barrio,  y se  pasa la noche leyendo novelas.
-Tiene V.  razon doña Aurora; es una lástima,  ¿pero, y la señorita Laura que no  la veo
por  aquí?
-Se han ido los  dos  con su  padre á misa
y  á hacer algunos  encargos  y  deEpedidas  de
familia.  Yo  me  quedé  arreglando  el  equipaje
de  .Juan,  que se maréha á las ocho  en  el tren
correo.  Ah,  pobre,  como  podrá  hallarse sin
nosotras;  estará como sin sombra.
Aurora con los  ojos llenos  de  lá¡5rimas  no
pudo contener  los  sollozos  pensando  en su
separacion.  La j6ven  la  conso16  lo mejor que
pudo,  y  por distraerla,  la pregunt6:
-¿Harán Vds.  almoneda?
-No, por cierto;  todos  estos  muebles los
llevaremos  á  .Colmenar;  estamos  haciendo
una casa en la huerta  de  La P~za del Moral,
y  además,  mi  marido  ha  comprado la  casa

que era  de sus  padres,  y  allí llevaremos  el  ..
mobiliario,  que  guarda tan preciosos recuerdos  para nosotros.  La sillería de damasc'o encarnado de  la sala  la dejaremos en la casa de
Colmenar,  así como  las  camas  de  acero.  Los
deinásmuebles irán á la huerta, en cuanto esté
concluida la casa.  Aquel será el nido de nuestros nietecillos;  es un vergel delicioso.  ¡Y qué
cer tan  grande  irle  formando  con  nuestras
plaeconomías!
-Dichosos Vds.  que con  elfruto de su trabajo van á  crearse un rincon para su vejez.
-Sí, muy dichosos;  pero  para consl'guirlo
se necesita  una  virtud  muy  grande,  treinta
años  de  trabajar  y  de  economizar,  gastando
todos nuestros ahorros  en  unos  terrenos incultos, sin producir nada  en  muc!:;o  tiempo,
y  privándonos de  todo  en la juventud por tener  un pedazo de  pan en la  vejez.  Esa  es  la
•.
vida.
-y es  preferible  .  gastarlo todo;  teniendo
. . por último  lecho  el  de  un  hospital;  dijo  la
criada,  despidiéndose  de  Aurora.
En seguida baj6  á  contarle á la portera todo  lo  que  acababa de saber en los dos cuartos,
con  lo  cual  pasaron la tarde perfectamente las
dos  cotorras,  á  quienes  la  comidilla  de la

chismografía era tan sabrosa  como  indispensable.
.  .
En que se han de  ocupar los  pobres  de  espíritu  sino  en el  pr6gimo,  y  no  para amarle
como  así mismos,  segun  nos  manda  el  evangelio, sino  para despojarle de todas las cualidades  buenas  atribuyéndole  las  malas,  porque la virtud siempre  se  pone  en  duda, y  el
vicio se comenta  y se  aumenta con sin iguál
placer.  Pero  en . honor de  la verdad,  dabemos
hacer justicia esta vez, porque las dos  amigas
elogiaron  mucho  las  virtudes de  Aurora, su
hermosura,  pues sin  usar  blanquetes,  ni tohallas de  Vénus,  era  su  rostro  blanco y sonrosado, ' y  su  magnífico  cabello  de  un rubio
oscuro  que  formaba  contraste con  sus  ojos
oscuros  tambien,  expléndidos  y  hermosos,
como el  era su alma angelical.