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El Unico Remedio - Segunda Parte


El sistema de las huelgas ostentase como el Mecenas de los
obreros, siendo en realidad una nueva Celestina, la cual ofrece
placeres del momento, por lamentable consecuencias en el porvenir.

No desconozco, ciertamente, que un desmedido interés egoísta,
por parte de sociedades ambiciosas, o de individuos en particular
,
con menos conciencia propia que amor al prójimo, han oprimido
al trabajador, abusando de sus fuerzas y aprovechándose de sus
necesidades. Reconozco que así como Vuelcano forjó los rayos que
entregó a Júpiter para combatir a sus enemigos y vencerlos, así
ahora el dinero forja armas con que el dios Capital intenta combatir a las contrarias huestes.

Pero los titanes hijos de Urano, no eran como los actuales titanes hijos del pueblo, e ignoramos de qué parte quedará la victoria.

Mas reconozco también, que esas huelgas dispiaran sus armas contra los que juzgan culpables, que son pocos, acabando por herir a
los inocentes, que son muchos.

Y conste que entre estos muchos, se hallan los mismos obreros,
pues lo que ganan con el aumento de jornal, lo pierden con el encarecimiento de todos los productos, así agrícolas como industriales.

Los jefes de establecimientos de comercio, sean del ramo que
sean, si ven gravadas sus mercancías en un 20 por 100, las exL
penden con un 50.

Las víctimas siempre llegan a. ser los consumidores. Y consumidores también son los obreros.
Si el que consume es rico, se lamenta. Pero todo, en él, se reduce
a üna pequeña diferencia en sus gastos o en sus derroches.

Si es pobre, equivale a sustraérsele la mitad de aquello con que
contaba para cubrir sus necesidades.

 Y si es un jornalerQ, al cutal se le ha aumentado el salario, ese
aumento no compensa sus gastos para humildemente habitar, modestamente vestir y necesariamente comer.

Extrañísimo fenómeno, por do demás, he notado en mnohas
huelgas.
Xa lo expuse en otra ocasión, y ahora a modo de paréntesis voy
a repetirlo.

No pocas veces se ha pedido, lo mismo' en España que en el extranjero, un aumento de salario, y los patronos han contestado
que les era imposible acceder a esa petición. Pero luego han accedido.
¿ Cómo lo imposible, que no admite modificación, se ha modificado?

Si podía ser, ¿ por qué no se hizo antes de que los obreros realizasen sus amenazas? Si m> podía ser, ¿cómo es que se ha ido
haciendo?
¿ Por la imposición? ¿ Por la fuerza?

Eso no es ni aun imaginable.
Se lucha con lo posible; con lo' imposible, jamás.
Sería como sacar la espada intentando herir a una sombra;
ordenar a las nubes que se desvanezcan o prohibir al mar que se
agite. Puede ordenarse; puede prohibirse; pero en la seguridad
de la inobediencia.

Esos obreros vencedores, bien pudieron exclamar como el protagonista, de "La vida, es sueño" :
/Vive Dios, que ptido ser!


Lo positivo, según mi pobre criterio, consiste en que se les explotaba y en que tuvieron razón para, insistir en lo que no era imposible.

Mas, como, desgraciadamente, lia condición humana puesta en
el camino de las aspiraciones, no se limita a seguirlo razonablemente, no' le íha bastado a una parte de esos obreros detenerse eiri
lo justo y han avanzado hacia lo inaceptable.

Es decir: a reconocer, en ellos, como un derecho, lo que, en los
otros, conceptuaron como una tiranía.

Tales excesivas como injustas aspiraciones, hácenme que les

iplique uno de los más oonocidos cuientos de los hermEnios Grimm,
tan íilosófioo como de actualidad. Helo aquí en compendio :
Oierto pobre pescador sacó en el anzuelo un hermoso barbo, el
cual no era otra cosa que un príncipe, así metamorfoseado por un
encantador de aquellos tiempos.
—•] Sáilvame la vida!—di jóle el pez—y pídeme lo que quieras.
—Nada te pido.—Y lo echó nueviamente al mar.

Pero la mujer del pescador era excesivamente ambiciosa, y fué
mandando a su marido a la playa pana que pidiera al príncipe
una modesta casa con animailes de corral y algún campo ; luego
una morada con servidumbre; luego la señoría del pueblo, al que
deseaba como reina, imponerle su voluntad; y por último, la
omnipotencia.

Todo lo fué concendiendo el príncipe, menos lo último, ya que
no podía hacerlo'. Y al regresar el pescador a su casa, halló a la
esposa llorando a la puerta de la choza que antes había habitado.

Mucho se va concediendo a lo mucho que se exige. Pero, cuando
en virtud de las concesiones se llegue a pedir la Luna,, irremisiblemente ha de venir la verdadera imposibilidad, y con ella una
completa reacción, acompañada del más triste retroceso a los primitivos tiempos.