El Único Remedio - Primera Parte
Antes de leer lo que sigue, si os dignáis leerlo, conviene tengáis
presente dos ofoservaciones:
1. a Que no pertenezco a la clase patronal n i a la obrera ; que
no dependo de nadie; ni en absoluto me importan los partidos
políticos, puesto que a ninguno estoy afiliado. Hasta ta l punto
alcanza mi iindependencia.
2. a Que en el siguiente escrito no me refiero a E s p a ñ a ; sino
a todas las naciones donde el mal que combato echa raíces
.
Vista la general desorganización que impera en medio mundo,
y en parte del otro medio, es de prever un cataclismo, o sea un
general desastre.
La inicua manoi que impulsó la pasada guerra (y quiera Dios
que pasada la sigamos llamando) agitó furiosamente el inmenso
y antes tranquilo lago social, e hizo subir a la superficie todo el
cieno que h a b í a en su fondo.
Tras la epidémica fiebre de la lucha, los deletéreos miasmas de
un inmoderado lucro desarrollaron un nuevo contagio.
Tras la victoria de las armas, surgió el afán de obtenerla en otro
sentido, reapareciendo, con nuevas energías, el odioso antagonismo entre el capital y el trabajo. Y se multiplicaron las asociaciones, no ya limitadas a determinados países y a particulares intereses, sino a modo de zonas isonómicas, por todo el globo.
Una parte 'de la Prensa diaria no esclareció con sus intelectuales luces, como debió liacerlo, a las inconscientes masas populares.
Al contrario. Las halagó en sus lisonjeros extravíos; y suponiendo llevarlas al Empíreo, las sacaron del Limbo, para lanzarlas
al Caos, Tal es el que vislumbramos, y que llegará, salvo una de
esas crisis inesperadas, que son, en realidad, decretos providenciales.
Muchos de los periódicos que •alentaron sofísticas bienandanzaSj
ahora se percatan del peligro. Pero ya les es difícil retroceder.
A tales periódicos, triste pero necesario es decirlo, se debe en
gran parte que insidiosas exhortaciones prosperen; que el fuego
se anime; que el incendio estalle.
En Alemania y en Rusia vemos las consecuencias de ese incendio, haciendo la justa salvedad de que el pueblo de Alemania tiene conciencia de sus actos, y el ruso ejerce sus actos sin conciencia.
Que el primero ha sufrido un cambio político, y el segundo
una completa metamorfosis social.
Que el primero ha pasado del Imperio a la Repiiblica, y el segundo,ha dado un salto del absolutismo a la anarquía.
¡Sin embargo; aun allí volverá la reacción cuando la experiencia demuestre con hechos, lo nocivo de las predicaciones que otros
les inculcaron con palabras; y como en la Revolución francesa,
a fines del siglo X V I I I , quizás lleven al cadalso (en los primeros
lustros del siglo XX) a los que victoriosamente pasearon sobre
el pavés.
Consecuencia también del generalizado, casi mundial incendio
de pasiones, han sido los chispazos recibidos en otros países neutrales e indiferentes.
En muchos de é^tos, por no decir en todos, y hasta en los antes
pacíficos pueblos, cuya vida, se deslizaba patriarcalmente, aparece
el aintagonismo entre el oapital y el trabajo. Como si éste no fuese
el engendrador de aquél, y aquél el sostén de éste. Como si rota
la íntima unión entre lambos, no viniesen a sustituirlos otros dos
factores í la miseria y el hambre.