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Aurora y Felicidad - Concha


Concha era  una  niña  de  diez  y  seis años;
sin embargo de  que  habia  sido durante diez
pensionista en lino de los colegios mas afamados  de  la córte, ,apenas si sabia redactar una
carta.  La escribia,  es  verdad, COL.  una bonita
letra inglesa,  poco  cursada,  y  tardaba mucho
en  trazar  los  renglones,  y  mas  todavía en

pensar lo  que  iba á decÍT,  porque  no  la habian  enseñado  á  coordinar  sus  ideas,  ni á
darles forma.  Tenia nociones  de  todo sin saber á fondo  ninguna materia que hubiera po·
dido servirla de recurso en caso  de  desgracia;
ligeras nociones nada mas, que se borran muy
fácilmente  en  la  imaginacion  de  la adolescencia.
Tocaba  algo  el  piano tan solo  por  diver-.
sion;  como su padre tenia  un gran sueldo no
 necesitaba  aprender  como  profesion  ningun,
arte.  Pintaba  una  acuarela  medianamente,
dibujaba una cifra  para pañuelos,  chapurrea-

ba  algunos idiomas sin comprenderlos,  y  hacia lindas labores  que llenaban de júbilo á su
papé~  Este  ostentaba  con  orgullo,  como  ya
hemos visto,  el gorro y las  zapatillas de  terciopelo,  bordadas  de  oro,  qUE)  le habia hecho
su habilidosa  hija antes  de  salir del colegio.
Lo  que sí sabia  Concha á las  mil  maravi~
llas  era  el  arte  de  componerse,  tenia  en su
madre tan  buena  maestra,  que  no  necesitó
mucho  tiempo  nuestra  colegiala  para  desprenderse de su  uniforme  negro,  convirtiéndose  en un modelo de  eleg¡1ncia,  sin mas  que
copiar  exactamente los  últimos figurines  que
llegaban de  París.
Su  cuarto,  situado  en  un  extremo  de  la
galería, tenia dos .piezas,  la  primera  con un
balcon  al  pátio,  pues  la  previsora  de  doña
Felicidad no  quiso que lo  tuviera  á  la calle,
para:  evitar que se  entendiera con  los  novios.
Tenia la  sillería y  las cortinas de  tela  persa

fondo  blanco,  con  ramitos  rosa:  todo muy
sencillo;  el  piano,  el  costurero  y  Ul!a  mesa
para escribir completaban  el mueblaje.
La segunda pieza  era  la  alcoba,  pequeña,
en la que  apenas cabia  el lecho  cubierto con
. blancas colgaduras de  muselina,  el  tocador y
un reclinatorio  colocado  debajo  de  la pililla

del ' aguabeildita 'y  de  un crucifijo de  marfil,
que  era lomas notable del  aposento.-
La j6ven  se  hallaba  escribiendo  en su pequeño secreter,  cerca  del balcon,  cuando  entr6  la  doncella  con  el  almuerzo  sobre  una
bandeja grande, y  lo  coloc6  en un velador.
~¡Ah! ¿hoyes  jueves?  no  me  acordaba,
I  exclamó la j6ven,  levantándose al ver  entrar
~  á la doncella.
,
-Sí, señorita;  por  eso  la traigo  á V.  aquí
el almuerzo, contest6 la j6ven.
-Es mucha manía la de mi mamá,  que no
me deja a~istir á ~a mesa cuando tienen gente;  pero  no  me  importa mucho,  porque  todos
sus invitados suelen ser viejos  y feos.
-Hoy tenemos  dos  nuevos:  un diputado y
,
un consejero,  dijo Andrea.
¿Sí, eh?  pues no se me  escaparán,  ya los
acecharé  por  las  rendijas  de  la puerta;  ¿son
 j6venes?

-¡Quiál  como  todos;  gallos  con  espo- .
. Iones.
, ,  -Malo; estoy por  los pollos.  Tampoco ma-
'.' mó,  me  permite  presentarme  en  su salon por
las tardes  cuando recibe,  ni á  papá  tampoco,
que se marcha al casino y  la deja sol/1..
-Pórquees Vd.  una  niña,  y  solo Iluando

vienen de visita señoritas jóvenes de su edad,
tenemos órden de llamarla.
-¿Y hasta cuando durar!  esto? Para vivir
encerrada  en  mi  cuarto,  mejor  estaba  en el
colegio.
-Sin duda  hasta  que  tenga V.  un novio
formal  que la pida por esposa.
-\ F ormall ... sí,  sí;  eso  es lo  que falta la
formalidad.  En  cuanto  !  novios,  cincuenta
tengo;  yo no  sé  cómo  me  las  arreglo,  pero
todos  cuantos me ven me quieren,  y  me hallo
siempre  indecisa  en la eleccion.
-¿Y V.  no  conoee,  señorita,  que  solo es
por divertirse'?  Ninguno  la  quiere de  veras;
lo  hacen  por  pasar  el  rato  y  no  debe  usted
hacer caso de  esos polluelos.
-¿Y de  quién lo  he de  hacer entonces? los  •
que vienen á casa son ganos  y bien gallos, y
además solo  puedo verJos á escondidas; mamá
porque no me  hablen, me  envia  el  almuerzo
á  mi  cuarto,; además  estoy  en casa sola todo

el  dia,  aburriéndome,  y  no  me  queda  otro ·
recurso  que  irme al cuarto  de  la  costura,  y  .
fingiendo  hacer labor,  me divierto asomándome  al balcon.
-Pero su mamá se lo  tiene prohibido.
-Fruta prohibída sabe mejor.

-Si supiera  que  hace  usted guiños á.  los
militares y  á.  los  estudiantes de las, casas de
huéspedes inmediatas,  ¿qué diría?
-Yo no se las hago;  ellos  me miran y  no
me  dejan  en paz;  tú sabes que  todos los dias
te dan cartas para mí llenas de juramentos  y
de protestas de  eterno amorl ... Esta noche  te
voy á leer unas cuantasj yo no sé cual es mas
apasionado;  muchas' no  las  entiendo,  tú me
ayudarás á descifrar sus geroglíficos.  En 'algo nos  hemos de  entretener,  porque mamá no
lIle lleva  á la  Castellana  con  el pretexto  de
que la viene á buscar una amiga en su berlina, y  solo tiene dos  asientos. Y por la noche,
las dos amigas tienen abono á dos  butacas en
el Real;  así es  que la pobre Concha  tiene que
envejecer en  el  rincon  de  su cuarto,  donde
por arte de birlibirloque,  bajará un novio por
la chimenea á sacarla de su prision.
-¿Pero no  estaba V. ya comprometida con
un estudiante de medicina?

-Le dí  calabazas,  mujer;  pues  no  estás
. poco  atrasada de  noticias; era muy fastidioso;
jamás  quiso ir á la- Castellana el  dia  que  por
casualidad queria mamá IJevarme,  y  no  pude _
conseguir que fuera ni  una tarde á la novena
de  dolores  á  las  Calatravas;  tenia  horror á

seguirnos,  decia que no le  gustaba hacer de
lacayo: y de seguro mamá no se hubiera fijado  en  él siquiera;  así es que le dejé.
-¿Y cuántos tiene V.  ahora  en campaña?
-Tres;  pero  el  mas  de  mi  gusto es un  alferez  de  infantería;  ¡qué bien le sienta el uniform~! es muy guapo.  ¡Y  qué  cartasl Ahora
mismo le estaba  contestando.  Dice  que  para
no  olvidarme le ha puesto  mi  nombre  á una
perrita que  quiere  mucho  y  no se  aparta  de
su lado.  .  ..
-Qué frágil será el recuerdo  cuando necesita que la perra le recuerde el nJmbre de V.,
dijo  la doncella sin poder  contener .la risa.
-Aquí  está  la carta,  de  color de rosa;  me
la trajo esta mañana la costurera.
-¡Ahl  ¿es  ahora  Anita  la  confidente?  ..
dijo  como  picada  Andrea,  porque no  la gustaba que otra se llevase las propinas.
-Como vive en  su  misma  casa le conoce,
y ya ves,  DO  contiene nada de  particular.

-Pues era  mejor  el estudiante de medicina;  IY  qué generoso! por la primera carta que
me  di6  para usted me rega16  un duro.
-No quiero médicos, porqae siempre traen
á casa el  olor  de  10s enfermos y  los miasmas
de las enfermedades contagiosas.  Los milita-

res son mejores y hac~n carrera  mas  pronto.
Este chico,  aunque  alferez,  con la influencia
de  papá,  puede  ascender rápidamente; todo  es
tener  empeños,  y  llegará  á  general,  no  lo
dudes.  i Ah!  ¡entonces qué  buena  vida  me
daré! ...  ¡Qué  lindos  trajes!  como  mi  mamá;
iré  á los  toros  vestida  de  maja con mantilla
bla'lca de  encaje,  y  á  la Oastellana en carretela  descubierta,  no  en  berlina de  dos  asientos.  ¡Ah!  eso  no  será  propio  de  una señora
generala.
Hé  aquí  de  qué  modo  pensaba aquella niña
.recien salida del  colegio, y que influencia tan
. grande tiene  el ejemplo  de  los  padres  en  el
· corazon  de  sus hijos.