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El Único Remedio - Tercera Parte


El pseudo aforismo de que gobernar es transigir ha contribuido, no poco1, a alentar la ebullición volcánica, cuya erupción,
si llega, ha de producir la catástrofe.

Transigir con las imposiciones, si es lamentable debilidad en
un individuo, representa, vergonzoso temor en un Gobierno
.
Ese temor anima a los que pretenden subyugar a las masas.

Estas, contando con la impunidad, se hacen poderosas, y acaban,
aunque momentáneamente, por sustituir a. esos Gobiernos, como
ya ha sucedido en algunos países, siendo preferible, no obstante,
el absolutismo de uno sobre todos al de todos sobre uno, pues ¿ a
quién toca obedecer donde todos pretenden mandar?

Suponiendo la útil conf ederación, se crean infinidad de asociaciones que si hoy están unidas por el lazo de una común esperanza,

mañana ante resultados contraproducentes, lucharán, hasta de
casa a casa, como lucharon güelfos y gibelinos.

Pues todo eso que se vocifera, se predica y se impone, háoese en
nombre de la Libertad.

¡ La Libertad!
Ya dimos con esa palabra, la cual el día en que deje de ser un
vocablo acomodaticio para convertirse en una verdad inconcusa,
ha de dar el remedio a tantos males.

Esa Libertad que termina en la que en otro empieza; esa Libertad bien entendida y bien aplicada, es el único similia simüibm
curantur que puede salvar la vida a una sociedad amenazada de
muerte.
—"Pues si por esa Libeirtad luchamos"—dirán algunos.
Sí; pero como lucha con una mujer honrada el que intenta seducirla.

Hoy la verdadera Libertad, ha tenido que dejar el paso a la
licencia, que es la que ha tomado su nombre; y la que con increí-
ble osadía oprime a las muchedumbres.
¡ Cuántos creyendo obtenerla la están perdiendo!
¿ No la pierde, acaso, el individuo que se suma a la imposición
del voto, o quizás al míandato de una superioridad desconocida ?
¡  El voto!

En determinadas Juntas ¿no arrastra a una sensata mayoría
una minoría insensata? ¿No es acaso, un orador fogoso el que
puede con la atracción de su palabra llevarse en pos de sí a los
que, aisladamente, nunca hubiera llegado a convencer?
¿Es libre el individuo que se asocia por temor, o se constituye
en solidario de lo que su conciencia repugna ?

Lo que se hace en casi todas esas asociaciones, es predicar la independencia coartando a los independientes; proclamar la razón
ejerciendo lo irrazonable; llamarse liberales, y ordenar como déspotas; anaitematizar la fuerza, y asociarse para imponerla.
Sí;, Vunión fait la forcé, como dice la divisa belga.

No cabe duda: la unión hace, o constituye la fuerza. Mas.para

o\ie prospere de una manera eficaz y ventajosa, háoese necesario
que se vea sostenida por la Justicia y por la  R a z ó n ; es decir: todo
lo contrario de lo que se intenta ahora.

Eso que llaman Sindioaligmo (cuya traducción ai romance comprenden  m ü y pocos) tiene, actualmente, una fuerza; pero algo
parecida a la de la Masonería, a la del Jesuitismo y a la de la
Inquisición.

Diferénciase, sin embargo, en que los afiliados a la Masonería,
lo soin por su voluntad; y los que entran en la Congregación jesuítica hácenlo renunciando a su personalidad, sea libérrimamente, sea por convencimiento, o por vocación.

He dicho que el Sindicalismo tiene también algo de inquisitor i a l, y no me arrepiento.
A l que desean sindicalizar lo invitan, lo aconsejan, y por último
lo obligan. Si se resiste, le esperan las amenazas, el ostracismo, o
el hoycott. Si después de haber accedido pretende recuperar su
independencia, se le conceptúa como un traidor y se le somete a
un contundente castigo.

i Entran en el dominio de la razón, base de la verdadera Libertad, que a los dueños de establecimientos comerciales les impongan sus dependencias?

¿ Es Libertad la de que a esos dueños se les obligue a cerrar o
aibrir sus estableciimientos a determinadas horas?
gLo es que al  d u e ñ o de un comercio se le impida aceptar a
aquellos individuos en los que puede depositar su confianza o
juzgarlos más hábiles para el trabajo que ha de encomendiárseles,
si esos individuos no están asociados ?

¿Lo es que las dependencias puedan abandonar sus obligaciones cuando les convenga, o la solidaridad lo exija, y hasta pedir
que se les abone el salario por el tiempo que no^ han prestado servicio alguno?

¿Lo es que los trabajadores del campo no se contenten con el
aumento de jornal, sino que pretenden imponerse como semi due-
ños? ¿Lo es que proclamando esas asociaciones la libertad del

pensamiento en la Prensa, sean ellas misjüas, las que lo esclavicen
y amordacen?

¿Lo es, en fin, que por una divergencia entre jefes y subalternos, se interrumpa el tráfico que da vida a las industrias y al comercio, y se suspendan los servicios públicos, dando lugar a que
los más necesitados sean, en último caso, las víctimas de semejante paralización?

Todo eso podrá imponerlo la fuerza bruta; pero ni a la Raizón
DÍ a, la Justicial le será posible aprobarlo-.
No cabe duda que esa Justicia y esa Razón han sido atropelladas por esta, Libertad a la inversa, y hasta parece que el buen
sentido se ha visto preicisado a ocultarse para dejar paso libre
a las desbordadas arbitrariedades, como en la, última guerra semi
mundial, tuvieron que hacerlo el Derecho, la Piedad y la Justicia, ante la Locura, la Fuerza y la Impiedad.

Sin embargo; ocultarse no es extinguirse.
Y cuando el oleaje de las pasiones se tranquiliza, la Razón
vuelve a ocupar su puesto; la Justicia su imperio, y el Derecho
su poder. A veces 'está transición suele costar grandes pérdidas
materiales y, lo que es peor aún, derramamiento de sangre; porque semejantes luchas, sordamente empiezan; rumorosamente
continúan y desastroeaimente acaban.

Pero los pueblos, a semejanza del legendario Fénix, renacen
de sus cenizas.