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Aurora y Felicidad - Dos Cotorras


-Adios,  mujer';  ¿dónde  andas metida  que
. 'no  te se  vé?  desde  que  cazaste  un  marido  te
has olvidado  de  las  amigas,  ¿no  es cierto~
-No,  señora,  que  ha  de ser ciertoj  es que
como  vivimos tan lejos,  no puedo  venir cuando  quisiera,  pero  ya vé  V.  mi  buena voluntad,  que  á
pesar  de  la  distancia,  ~n igual de
irme á  paseo  hoy  domingo,  me  vengo  á  visitar  á  V.  señora  Juana y  á  mis  antiguos
·amos.
Esta conversacion  la  tenian  la  portera de
,una casa  de  la  plazuela  de  Santa Ana en Madrid,  y una amiga suya,  antigua sirviente.
-Muchas  graciasj  te  lo  agradezco  infinito.
-y que  tal vá  por  aquí;  cuénteme  V.  Se-
ñora Juana .
-Hija,  como  siemprt'j  mi  marido  sigue
tratajando en las  obras  de  la  villa,  ganando
su mísero  jornal de  siete  reales el  dia que no

llueve,  y  por  de8gracia  en  todo  el  mes  de
abril  no  ha  dejado  de  chaparrear.
-En  eso  estamos  nosotros  mejor;  pues
qúe  llueva  que  truene.  todos  los  di as  está
obligado  mi  Pepe á  ilevar  las  cartas á  domicí 1 ío.
-Ya  lo  creo;  como  que  los  carteros  no
pueden faltar  un dia  á  su  obligacion;  y  bien
p~gados diez ú  once  reales.
-Que han  de  estar  bien  pagados, señora
Juana,  si  los infelices  echan  el  bore  subiendo
hasta  los  quintos y  sextos pisos  en  todas  las
casas de  una  carrera  tan  larga.  Eso es para
matar á  nn  hombre;  así es que casi  todos enferman del pecho"  y  crea V.  que si mi marido
encontrara otra cosa lo dejaria. Ya vé V.,  lleva
quince años  en  el  mismo  pupsto y  que  porvenir le  espera,  el  hospital y  la  miseria  para
la vejez.

Ahí tienes como  nadie está  contento  con
,su suerte; nosotros haríamos lo  mismo: admitir cualquier 'destino  mejor,  pero  como  no  tenemos recomendaciones, nunca ealdrá de  peoIlauxiliar,  por  mas  que  trabaje;  llega un  desconocido  con  una tarjeta  de  un diputado y  le
dan  plaza fija,  poniéndole  de  capataz,  mientras  mi  marido  lleva  ocho  ó  diez  años  de


peon,  esperando  ese  puesto  codiciado,  que  al
menos  tiene sueldo  fijo  que  llúeva 6 que  no:
pero  es  inútil,  por sus méritos  no se lo  darán
nunca .
-¿Por qué  no se  lo dice V.  á mi  ama  doña
Felicidad,  que  se  trata  con  mucha  gente
gorda?
-Eso pienso,  ahora que  tienen  amigos en
la nueva situacioD.
-¿Y están  buenos? hace tiempo que DO  los
he  visto.
-D. Rornan,parece  que anda estos dias cabizbajo;  pero  la señora  como siempre tan  plegante, sin  perder  un  dia  de  paseo  en  la Castellana;  todas las  noches  al teatro,  y  visitas,'"
no se  diga,  los  jueves  que recibp.  esta  casa es
un jubileo.  ¡Que  eI!trar  y  salir  de  gentes!
¡cuántos coehe:;  á la  puerta!  sobre  todo  desde
que  al señor  le  hall  hecho  jefe  no  sé  de  qué,
acudeu  las  moscas  á  la  miel  que  es  un  gusto.

-Ya se  lo  esperaban  hace  tiempo.  Con  el
nUtWO  ministerio están  ,en  grande.  ¿Y  la se-
ñorita Coneha?
-Todó el  dia  al  balcoo;  pasa su  vida  haciendo telégl'ufm;  con  los  militares  y  los  estudiantes  de  las  'casas  de  huéspedes  de  la
vecindad.  ¡Qué  educacion!  Parece imposible

que así descuiden á una hija,  dejándola  poner
en  ridículo,  porque  es  el  hazme reir  de  los
pollos,  que la envian ramillete,;:, y ella, la muy
tonta,  les  contesta  á  todos,  teniendo amores
un  dia con  un milita:"  otro con  un estudiante,  á  los  que  da  En  retrato y  rizos  de  sus cabellos,  que ostentan los muchachos como trofeos,  corriendo  por los  cafés de mesa en  mesa,
enseñándoselos  unos  á  otros, convirtiendo en
un objeto  de  burla y  diversion Jos  amores de
esta niña,  que  maldito si se  conoce la educacion  que  ha recibido  en  el  colegio.
-¿ y  no lo sabe  la señora'?
-¡Qué ha  de  saber, si  no  para  fn  casa
¿Tiene  ella tiempo  para  cuidarse  de  su hija'?
Desde  que  cumplió  los  quince  años,  que la
sacaron de  la  pension,  la dejaron  abandonada
á tí misma.
-¿ y  don  Roman,  no  lo  vé?  .
-El padre  pasa los  dias  en la oficina  y  las
noches  en el café,  de  manera que  es  un hués·

ped  en casa,  y  no  vé  lo  que pasa en ella .
• -¡,Y  don Juan,  y  doña  Aurora, siguen vivi"endo  ea  el  cuarto srgundo'?
-::í¡ pero  precisamente con elSte  cámbio  de
ministerio lo  !tao  destinado  á  Valencia, y se
marcha  esta noche¡  doña  Aurora  con  la niña

creo Que  va á.  Cormenar,  donde  tienen la ha--
- .
cienda,  á  pasar unos dias antes de ir á reunirse con su marido.
-& y  el señorito Serafin,  tan  guapo?  '
-¡Es  un real  mozol. ..  iY  qué  bueno!.. ·
i si-em pre  con sus  padres!
-Esta si que  es una familia arreglada, &00
es verdad,  señora Juana'? No se parecen á los
del  princi pal.  .
-¡Oh! ¡qué tiene que  ver,  como  de  la  noche al  dial  Doña  Aurora  no  sale de  casa jamás,  como no vaya con su marido y sus hijos,
y  doña Felicidad es  una huéspeda en la suya,
donde  solo  viene  á  comer  y  á ·dormirl  Los
criados están  bien  á su libertad en ese  punto.
Es verdad  que  don  Roman hace lo mismo:  en
.la oficina,  en  el  casino  y  en  el  café  pasa su  .
vida.  Este  matrimonio nunca está  unido como
Dios  manda,  jamás  van juntos,  cada  uno  por
su  lado,' y  yo me figuro  que con  la  señorita

Concha van á tener  que "entir.
-¿Está todavÍl la .misma doncella que habia c,uando  yo estaba  de cocinera?
- .  .
-¡La mismal  ¡si cada mes hay una nueval  .
Pues  no digo nada los  criados; todas  las agencias  de  Madrid  no  son bastantes para enviar
sirvientes á  doña Felicidad. '

-Yo  estuve  cinco  meses,  lo  que  nadie;
porque  verdaderamente  son  buenos;  pero  no
tienen  6rden;  no  hay  arreglo  en la  casa,  y
gastan mas  de  lo  que tienen;  eso hace  que los
dueños se  perjudiquen y  los  criados  no  estén
contentos.
-Tienes razon;  y  luego  no  saben distinguir los  criados buenos de  los malos,  los tratan mal,  y  como  duran  tan poco,  ninguno se
toma interés  por  la  casa,  solo piensan  en  hacer  pacotilla.  La  cocinera que  entró  hace tres
dias,  es  una  ladrona  de  marca  mayor,  les
roba á  c,jos  vistos;  pero  la señora está contentísima con  ell.a  porque  hace  platos  de  dulce y
mil golosinas,  con  que  obsequia  á sus amigas
de  los jueves, que  vienen  á  llenar el  pancho á
costa del bueno de don Roman .
.:-Voy  á saludar  á  la  señorita  Concha,  y
des pues subiré,  ya que  estoy  aquí,  á despe~
dirm~ de  doña Aurora  y  de  su  criada;  ¿será
la misma,  eh?
~Ya lo  creo,  ha  visto  nacer á  la señorita
Laura,  y  tiene  esta ya casi  doce  años cumplidos;
. síquiere á sus  amos y  se  desvive  por servirlos.
-Hasta. luego, señora Juana.
La  antigua cocinera  de  don  Roman  subi6

al  pi,so  primero,  y  la  portera se  entró en su
covacha,  muy  satisfecha  de  haber  echado
un  párrafo'  á  su  gusto,  sa'!ando  á , relucir .
la  vida  y  milagros  de  los  vecinos  de  la
casa..